Archivos Mensuales: noviembre 2012

Porno-Ficción

Me parecen profundamente curiosas las películas porno lésbicas.

En ellas se repiten hasta la saciedad una y otra vez las mismas tramas.

Amiga mía he discutido con mi novio, consuélame (en estas casi siempre acaba participando el novio de marras). Compartimos celda y nos aburrimos. Hacemos una fiesta del pijama que se nos va de las manos. Y mi favorita, las amigas adolescentes que sienten el despertar hormonal y casi empujadas por una curiosidad irrefrenable acaban montándoselo.

Este último modo es un género en si mismo. de hecho, la trama de la fiesta del pijama es un subgénero proveniente del anterior.

En este tipo de escenas confluyen una serie de factores que sucedidos uno tras otro dan lugar a la película erótica y que son, cada uno de ellos, imprescindibles.

Para empezar, el contexto.

Es muy importante que la habitación donde sucede todo tenga paredes color rosa, muebles blancos y una cama con colcha en tonos rosáceos.

Algunos innovadores incluyen una escena previa donde la madre de una de las chicas les comenta en una cocina que tiene que salir a hacer unos recados y que estará fuera toda la tarde. En este momento las chicas se miran con complicidad. Pero eso no es lo más curioso. Lo más llamativo es que la supuesta madre tiene casi la misma edad que su hija y la amiga.

Volviendo a la habitación, si se pueden colocar a modo de atrezo algunos peluches o muñecos, mucho mejor. Esto da realismo. Al igual que la escena de la madre. Todo está pensado para crear el clima y para que el supervisor o supervisora de la escena vaya entrando en calor.

Una vez colocadas las chicas encima de la cama anteriormente descrita, viene otro punto clave. la conversación.

Ellas hablan, casi siempre en inglés, de la intriga que les supone el compartir cama y algo más con otro ser humano. Al menos eso entiendo yo.

El diálogo dura varios minutos, y esto da tiempo a observar detenidamente a cada una de las chicas.

He de aclarar que si eres un/una amante del realismo, aquí debes bajar el listón. Porque si lo de que verdad te excita es ver a dos chicas adolescentes haciendo el amor, tendrás que pasar por alto que aparenten treinta años, que vayan maquilladas como drag queens y que lleven hecha la manicura francesa sobre unas uñas de gel.

Si eres capaz de obviar esto puedes seguir viendo la película, aunque más adelante volverán a poner a prueba tu fe.

Sin cortar la conversación, una de ellas se acerca tímidamente a la otra y, muy despacio y sin cerrar los ojos, suele llegar a los labios de su compañera para darle un tímido beso.

Aquí pueden pasar dos cosas. Que a la amiga le encante el gesto y prosiga la acción hasta culminar en sexo, o que la amiga se asuste, se aparte y se incluya algo más de conversación hasta culminar en sexo.

Digamos que el resultado siempre va a ser el mismo. Pero el cómo se llega ahí depende del límite de tiempo que tenga la escena o del límite de imaginación que tenga el guionista.

La cosa sigue y entonces, las dos chicas se desnudan muy despacio la una a la otra. Este tipo de porno no suele tener banda sonora. No sé el porque, pero lo agradezco. La música porno del cine porno es desquiciante, y bastante parecida a la de los videojuegos de los noventa, la verdad.

Ahora tenemos a las amigas en ropa interior. este es otro punto clave.

La ropa interior debe ser blanca, o rosa. Puede llevar lacitos o ser de sport, pero nunca debe ser de encaje ni excesivamente atrevida porque no es creíble. Esta condición se suele cumplir. La escena prosigue.

Cuando tenemos a las dos chicas desnudas, es cuando ponen a prueba nuestra fe de nuevo. Se supone que son adolescentes, que tienen dieciséis, diecisiete, dieciocho años si me apuras.

Pero claro, una de ellas lleva silicona en los pechos y la otra lleva un tatuaje de un dragón en el costado izquierdo. Cuesta creer que el peluche con forma de oso sobre el cual se lo están montando, sea de alguna de ellas.

Tampoco hay que pasar por alto el hecho de que vayan depiladas perfectamente. Esto me llama poderosamente la atención.

Si nos creemos esto, podemos seguir disfrutando de la escena.

Llega el acto principal. El sexo propiamente dicho.

Siempre suele haber una que controla un poco más que la otra. Esto queda patente en la parte del sexo oral. Que, por otro lado, es la parte más extensa.

Una debe ser muy buena en la materia y hacer el cunnilingus de forma bastante aceptable. La otra debe ser muy torpe y poner la lengua más rígida que una vela.

Cuando llega la parte de la penetración táctil, yo me tapo los ojos.

Llámame susceptible si quieres, pero me da pavor pensar en que a una de ellas se le pueda ir una uña por mal sitio y haga polvo a la compañera. También me tapé los ojos cuando vi “La matanza de Texas”.

Siempre se deben cumplir unos minutos en “doggy-style”, es decir a cuatro patas. En este momento debe haber confusión y la que está manipulando puede luchar contra su pelo para no hacerle cosquillas a la otra entre las nalgas. Que una de las participante se desternille de la risa, resta credibilidad.

El clásico de la tijera tampoco debe faltar. Puede variar un poco y que no sea un “genital contra genital” evidente e incomodo, pero suele serlo.

Han pasado unos treinta minutos y las chicas sigue dándolo todo en la cama.

Otra cosa que me llama la atención es que ninguna de ellas desvía la mirada ni una sola vez hacia la puerta de la habitación. Están muy seguras de que la madre no va a irrumpir. Deben saber que sólo le han pagado una escena, digo yo.

Cuando el reloj marca que tiene que acabar lo que se está dando, llega el momento de los orgasmos.

Aquí suele suceder que una de ellas lo tiene de verdad y la otra lo finge. Te preguntarás que cómo lo sé. No puedo explicarlo. Esas cosas se notan. A lo mejor no y por eso mi ex me decía que yo era una ilusa. No lo sé.

El caso es que (a través del sexo oral un 80% de las veces) las chicas llegan al clímax. Si el guionista es innovador puede suceder que el orgasmo sobrevenga a causa de una estimulación manual o de un rozamiento contra pernera.

Las dos amigas deben culminar siempre. Es regla de oro.

El post suceso también es común. Se tumban una lado de la otra, se besan y se apartan el pelo de la cara. Comentan algo de la jugada tipo “it was amazing”. La cámara se desvía hacia la pared y termina todo.

Ese es otro aspecto que me llama la atención. La necesidad imperiosa de demostrar que todo ha ido bien y que la experiencia ha sido grata. Sería rompedor que algún día, alguien filmara un final distinto. ¿Te ha gustado? preguntaría una. Regular, respondería la otra.

Suelo reír entonces.

No sé si recordáis vuestra primera vez. Yo sí recuerdo la mía. Y puedo asegurar que en ningún momento pasó nada parecido a lo que acabo de narrar.

El único punto común entre mi historia y esta es que yo también me estrené con una amiga. Hasta aquí todo bien. Pero puedo jurar que las pintas que yo llevaba poco tienen que ver con las que aparecen en la película. ¿Ropa interior conjuntada? ¿depilación láser?.

Recuerdo que me daba vergüenza hasta meterle la lengua en la boca durante los besos, ¿en qué momento en una primera vez adolescente alguien se pone a cuatro patas? ¿o explora la zona anal?, ¿o hace el sesenta y nueve?, ¿o le da palmaditas a la otra en sus partes…?

¿Lo hacéis todas y no me lo habíais dicho?

Y recuerdo la puerta, el picaporte de la puerta. Que no se gire, que no se gire, que no se gire…

Durante el sexo, seguramente yo era la torpe. nadie nace enseñado.

Orgasmo sí hubo, pero creo recordar que me lo callé… No quería parecer descortés. No quería ganar mi primer partido contra ella. No hubiera sido educado.

Cuando todo terminó, nos tumbamos la una al lado de la otra. pero prácticamente vestidas.

También nos miramos, besamos y despedimos.

Pero al terminar nadie nos pagó y ella volvió con su novio.

Seguramente al terminar la escena, las actrices también volvieron a casa con los suyos.

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